Atender la herida de lo femenino

Atender la herida de lo femenino

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Ayer compartí el cartel, y me llamó la atención el mensaje de una chica que casi siempre se ha animado a participar en este tipo de jornadas. Básicamente lo que me decía es que no venía porque ella prefería grupos mixtos. Le parecen más enriquecedores.

Esto mismo pensaba yo hasta poco antes de lanzarme finalmente a esta nueva etapa en la que enfoco mi servicio específicamente hacia las mujeres. Y eso que prácticamente desde que salí de la facultad la vida me puso en espacios laborales  vinculados con mujeres.  Sin embargo, había una parte de mí que se resistía. Ahora sé que era mi resistencia a atender la brecha, la profunda herida de lo femenino. Y está herida existe en todas, en cuanto que somos mamíferas sociales e hijas de una cultura patriarcal.

Te guste o no te guste mirarlo, sentirlo, y aceptarlo, lo cierto es que vivimos en un medio social y cultural que nos desvaloriza y nos inferioriza por el simple hecho de ser mujeres.

Somos hijas de una cultura que nos dice muy “sútilmente”  que nosotras somos objetos para el uso sexual y reproductivo del sistema y desde hace unas décadas también fichas y  peones laborales y devotas consumidoras.

Te guste o no mirarlo, sentirlo y aceptarlo, cuando una sale de los márgenes de cuanto se nos exige a la mujeres en esta cultura (una talla 38, un marido, tener hijos, proyección profesional, la eterna juventud,  etc…),  un gran sufrimiento nos visita en forma generalmente, de culpa, ansiedad, gran vacio y el mal del siglo XXI: la depresión.

Por lo general, toda nuestra  energía suele ir orientada a construirnos una identidad que nos devuelva una sensación de integridad y que nos aleje de esta realidad tan hostil: la realidad de que vivimos en una sociedad que nos desprecia y que ha perdido el absoluto respeto por lo femenino.

¿Exagero?

Sólo hace falta que enciendas la tele o que mires cualquier revista.

Y ésta es sólo la punta del iceberg.

Y que conste que no es de mi interés caer en análisis ni hacer  discursos políticos. No es mi campo de acción, ni mi motivación. Otras compañeras lo hacen mucho mejor, y  doy gracias infinitas por ello todos los días. Yo hablo desde mi cuerpo de mujer y de terapeuta, y estoy al servicio de bienestar psicológico y emocional de las personas que acuden a mí. Simplemente escribo esto para tomar conciencia.

 Lamentablemente no he podido evitar observar y sentir, reiteradamente , tanto en mi experiencia personal como en las mujeres con las que trabajo, el pesado impacto que tiene el sistema en el que vivimos sobre nosotras, nuestras vidas y en nuestra salud.

Y  no utilicemos esto como un discurso victimista, como otra escusa más, para no hacernos cargos de nuestras existencias. Usémoslo para tomar conciencia, de que somos nosotras las que nos toca tomar nuestro propio poder en nuestra vida.En nuestras cotidianidades.

  • Ponernos las primeras y empezar a tratarnos como nunca jamás nadie nos ha enseñado.
  • Dejar de creernos el sueño patriarcado de la mujer exitosa y realizada (y megaexplotada) y dejar de buscar una idea de éxito que se aleja mucho de nuestra naturaleza y deseo profundo.
  • Comenzar a atender nuestra realidad interna, cada una la suya, que es única, exclusiva e intransferible.

Y este proceso pasa por tener que parar y  mirar de frente está herida y esta verdad, que somos parias de este sistema al que le importamos un comino desde hace milenios y que llevamos tiempo abusándonos mucho.

Si, nosotras, las primeras.

Porque nosotras fuimos las primeras que nos abandonamos un día para encajar en este sistema.

En ese justo instante comenzó nuestra ruptura interna.

Nos habitan huellas de dolor, estamos rotas por dentro aun que intentemos maquillarnos y poner buena cara y consolarnos en rebajas, y ser positivas.

Por eso veo necesario  poner energía en crear espacios para mujeres. Para que tengamos espacios  dónde ser sinceras y honestas con nosotras mismas. Espacios donde  quitarnos las máscaras y los trajes que nos asfixian sin peligro de muerte. Espacios para perder el miedo a nuestra desnudez y aprendamos a disfrutar de nuestros cuerpos. Para que podamos poner luz y comprensión a nuestros procesos y descubrir el camino de vuelta a casa: nuestro útero-corazón. Nuestra real fuente de bienestar.

Yo creo espacios vivenciales porque es mi gran pasión y don es el  trabajo con grupos.

Y he observado que las mujeres se atreven a explorar más, a decir su verdad, a conectar con su autenticidad en los grupos femeninos. Y no voy a entrar a analizar el por qué. Sólo veo qué sucede. Las mujeres nos hermanamos y nos sanamos entre nosotras de forma casi mágica.

 Porque nosotras sabemos lo que es habitar un cuerpo de mujer en esta cultura, por que nosotras tenemos dentro la medicina que necesitamos, porque cuando nos abrimos a la comunicación auténtica, vemos que todas cojeamos del mismo pie y tenemos parecidos callos. Y porque el paso que da una adelante, lo damos todas juntas.

Nos necesitamos. Necesitamos coser los descosidos de nuestros cuerpos y nuestras almas. Para luego ir al encuentro de los hombres y compartir con ellos desde el corazón, desde el equilibrio, desde el dar y el tomar. En verdadera equidad. Para que podamos crear grupos mixtos de verdad, allí donde vayamos, allí con quien estemos.

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