AUTOCOÑOCIMIENTO, por qué y para qué ir a terapia

AUTOCOÑOCIMIENTO, por qué y para qué ir a terapia

el viaje heroico de la mujer

Nos resistimos a ir a terapia, porque de alguna manera asociamos la terapia a la locura, es decir, que son las locas las que van a terapia. Cuando en realidad, hay que estar loca, en los tiempos que corren para no hacer terapia.
Hasta que no tocamos fondo no acudimos a terapia y en cuanto empezamos a mejorar un poco, lo dejamos. Esto es lo que más pena me suele dar. A veces, cuando una mujer está a punto de integrar cambios profundos y empezar a degustar los frutos del trabajo personal, recibo un wasap con escusas variadas, rajándose, vaya. No lo crítico. Porque yo también he pasado por ahí. Y sé que es parte del proceso. Y también sé, que da mucho miedo quitarse las piedras de la mochila.
Porque son un asco, pesan, nos hacen sufrir. Pero nos hacen compañía. Algunas personas son la única compañía que perciben tener en sus vidas. Sus piedras y sus miserias.
La famosa zona de confort. Y como dice el refrán,  preferimos lo malo conocido, que lo bueno por conocer. No nos creemos que exista lo bueno. O peor, no nos creemos merecedoras de ello. Asumimos que esta existencia es una losa y un valle de lágrimas.

Disfrutar y gozar, no está de moda. Y menos en este país. Y más en crisis. Es pecado.

Sí, señoras. Lo bueno existe. Y está disponible para nosotras. Está mucho más cerca (en espacio y de tiempo) de lo que pensamos.
Y para eso sirve ir a terapia, para darnos cuenta de esto. Que parece muy obvio pero que no lo es.
Sí, lo sé, nos lo tenían que haber enseñado de niñas, la educación, nuestros padres, el estado, lo que quieras. Pero no sucedió. Y no sucederá. Nadie te lo va a dar. Es un camino que sólo tú puedes andar.  Y ningún gobierno, ni pareja, ni trabajo, ni nada te lo va a subvencionar.

El viaje al centro de ti misma, el camino del autocoñocimiento, es tu decisión, tu elección:La terapia es un espacio desde donde puedes comenzar esta senda, aun que ten claro, que sólo es un medio, un espacio donde adquirir herramientas para hacer el camino, que es la Vida. No pensemos que la terapia es el camino, por favor.

Entiendo el espacio de terapia, no como un medio para entrar dentro de una estadística y ser normal, si no como un espacio para entrar en una escucha profunda con una misma, es decir, un espacio para escucharnos y empezar a tomar nuestra autentica libertad.
No puedes ni imaginar (si no lo has probado) el poder que tiene la escucha interna. El sólo hecho de darnos el tiempo para sentirnos de verdad, atender lo que nos sucede, reflexionar sobre ello y tomar decisiones desde nuestro deseo y nuestra necesidad, comienza por cambiar nuestra realidad interna. Y “mágicamente” empieza a transformarse nuestra realidad externa, sin demasiado esfuerzo por nuestra parte. Me maravilla ser testiga de esto que te cuento. En mi vida. Y en la vida de las personas que acompaño. Brutal.

La terapia es tiempo para nosotras (el bien más preciado, lo que nos han quitado!).

Es escucha (lo que aprendimos a negarnos, porque en la mayoría de los casos se nos negó la escucha en la crianza)

Es amparo – aprender a ampararnos, consolarnos, amarnos incondicionalmente.

Es comprensión –comprender por qué nos pasa lo que nos pasa, y dar y encontrar sentido a lo que nos pasó. Comprender que nosotras somos el efecto de una interacción con nuestra historia; nuestro carácter y personalidad en interacción con un contexto: familias de origen, un periodo de la historia, una cultura (o más de una…).

Darse cuenta, que también nos habita un sentido de trascendencia, que a mí me gusta llamarle Alma, pero que no hace falta darle nombre, y quizás si darle un lugar en nuestra vida cotidiana…

Es aceptaciónes abrirnos a la aceptación incondicional que tanto demandamos a los Otros, que tanto anhelamos sentir…la paz que tanto deseamos encontrar en nuestro presente.

Es creación. Es  darnos cuenta de nuestro poder personal, hacernos agentes de cambio interno y convertirnos en  sujetas creadorasMujeres completas,  proactivas  y enfocadas a aportar valor y valores propios en el ámbito de lo privado y en el ámbito público. Mujeres magas  que transforman la realidad desde el amor así mismas y al mundo.

Al principio sucede que nos cuesta rascarnos el bolsillo para nosotras mismas, y más en algo inmaterial. Me duele mucho cuando me regatean el precio de la consulta. No lo tomo como personal, me duele ver como la mujer que me racanea mi trabajo, en realidad está racaneando consigo misma. Ser testigo de la propia tacañería con una misma me pone triste. Como cuando me pillo siendo tacaña conmigo. Y luego nos quejamos de que la vida no nos da, que el Otro no nos da ¿Y nosotras? A esto nos ayuda un proceso terapéutico también. A descubrir el bienestar de  ser generosas con nosotras mismas y cómo esto es el principio de abundancia en nuestras vidas.
Escribo esto, con el fin de que pierdas el miedo a ir a un espacio terapéutico si lo necesitas porque estás pasando un mal bache o si simplemente tienes curiosidad o si tienes el deseo de hacerlo.
Escribo esto, para hacerte saber, que si lo haces, no estás loca. De hecho, estás loca si no lo haces. Esa es la verdadera locura: no pedir ayuda cuando una lo necesita; dejar de hacer las cosas que una quiere por miedo al qué dirán, al que pensarán; no permitirse sentir el propio deseo y dar un espacio a hacer lo que verdaderamente deseamos. Estas son las pequeñas cosas que nos llevan a alienarnos de nosotras mismas, a perdernos…

 

El espacio de terapia, al menos, el que yo creo y en el que yo creo, es un espacio para volver al centro de nosotras mismas, un lugar entre nuestro útero y nuestro corazón, nuestro verdadero hogar.  Es volver a casa.

 

Me llamo Natalie Idoeta y ayudo a mujeres que “sufren por amor” a desactivar y reprogramar el patrón de dependencia emocional y a crear la vida que desean. Puedes descargar mi ebook gratis aquí.

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