AUTOESTIMA & LIMITES

AUTOESTIMA & LIMITES

Los límites son el aspecto territorial de la psique. Cuando hablamos de límites, hablamos de las fronteras físicas y psicológicas que todo ser  humano experimenta simplemente porque habita un cuerpo biológico.

Los límites nos conectan con nuestro instinto: son la respuesta organísmica a la defensa y cuidado de nuestro territorio.

Somos seres biológicos. No vivimos en junglas, pero sí en selvas urbanas. Nuestra parte animal posee una sabiduría biológica e instintiva cuyo objetivo está únicamente orientado a nuestra supervivencia física.

Lo que sucede es que nuestra naturaleza humana ha “evolucionado”, se ha ido especializando en una naturaleza más social, desarrollando un territorio invisible a los ojos humanos pero completamente palpable a través de nuestros sentidos; más concretamente, a través de nuestras emociones. Y más concretamente, a través de la emoción de la Rabia.

El instinto de territorialidad está vinculado a la emoción de la rabia. La Rabia, es la energía que nos mueve a defender el territorio.

Muchas mujeres me preguntan cuál es el secreto para poner límites. Yo siempre digo que poner límites es muy fácil. Donde radica la dificultad es en el plano del sentir, es decir, en permitirse sentir la rabia.

 Porque normalmente las personas que tienen dificultades para poner límites, están desconectadas de sus emociones y además tienden a juzgar la rabia como “mala”.

Al no sentir la emoción de la rabia, no perciben la “señal” biológica indicadora de que su territorio físico y/o psicológico está siendo invadido y por tanto no se pueden mover a la acción para hacer algo al respecto.

De igual manera, cuando una misma transgrede sus propias fronteras, las emociones nos alertan a través del malestar emocional.

Si yo no escucho este malestar, porque estoy desconectada de mis emociones,  no puedo darme cuenta de que estoy violando fronteras internas mías y por tanto experimentaré malestar generalizado y mucha confusión interna sin poder hacer nada al respecto.

Las emociones, son el correlato subjetivo de los instintos. Es decir, son el sustrato biológico que tiene el cuerpo para mantenernos comunicadas con el medio ambiente. Las emociones tienen la función de mover (lat. Emuovere) el organismo a la acción.

Por tanto para poder poner límites voy a tener que estar en contacto con mis emociones, es decir, con mi cuerpo. Y aquí radica la clave.

Si no estoy dispuesta a sentir y escuchar  todo lo que mi cuerpo tenga que decirme (lo que llamamos «bueno» y lo que llamamos «malo»), no voy a poder poner límites. Si juzgo la rabia como “mala” y me peleo con ella (“yo no debería sentir esto que siento”) pierdo la oportunidad de tomar la fuerza de la que me dota esta emoción: la fuerza para defender mi terrotorio y velar por mi propio bienestar.

Sólo reconectándonos con nuestro cuerpo y nuestras emociones seremos capaces de descubrir la medicina que ya poseemos para poner límites y por tanto velar por nuestro territorio.

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