Autoestima & Niña interior 2

Autoestima & Niña interior 2

La niña INTERIOR, LA NIÑA que fuimos (y que habita aún en nosotras aquí y ahora) es parte de nuestra estructura psíquica (análisis transaccional) y es nuestro yo más energético, más visceral e instintivo.

El movimiento, la espontaneidad, la autenticidad son frutos de esta estructura interna.

Fácilmente puedes reconocer como está tu niña interior si te observas honestamente:

¿Te permites ser dinámica, espontánea y auténtica?

¿Cuándo y con quien te lo permites?

¿En qué situaciones inhibes tu dinamismo, espontaneidad y autenticidad?

Si has crecido en una familia rígida, disfuncional o en las que hubieron muchas dificultades es posible que tu niña fuera «castrada» a muy temprana edad. Y sé que el término castrada suena fuerte. Pero esto es lo que sucede, que fuimos castradas. O mejor dicho,

 nos castramos para encajar.

Probablemente no sentimos un apoyo cuando nos mostrábamos como realmente éramos, cuando nos mostrábamos vulnerables. Tal vez al mostrarnos sensibles, muy agresivas, muy incómodas, muy contestonas no sólo no nos acogían, si no que quizás fuera motivo de juicio, burla o rechazo.

 Aprendimos entonces que ser una misma y mostrarse era peligroso, ya que así  no obteníamos el amor y el amparo que necesitábamos.

Así, un día, renunciamos y dimos la espalda a esa niña que somos, y nos construimos unos trajes (personajes) para resultar más amables y amadas. Para conseguir ese amor, que siendo nosotras mismas no conseguíamos.

Los trajes  de la niña buena o de la niña mala son personajes que te pueden resonar.

Nos construimos estos trajes para poder sobrevivir en el medio en donde crecimos, porque estos trajes nos conferían unos roles que nos daban un sentido de identidad y por tanto de seguridad.

Pronto aprendimos que ser una misma era peligroso, y que era mucho más efectivo generar estrategias a través de jugar roles.

Vendimos nuestra alma para sentirnos amadas y sentir que pertenecíamos. Y en esa venta perdimos el contacto con nuestras profundidades, con nuestra esencia. Fue ese día que nos fuimos de casa y olvidamos el camino de vuelta.

La buena noticia es que nuestra casa sigue en el mismo sitio dónde la dejamos. Está muy cerca, dentro de nosotras. A caballo entre nuestra matriz y nuestro corazón. Es un espacio cálido, donde reina la paz y la inocencia. Es la cueva que nos cobija y ampara, dónde nada sobra y nada falta.

¿ESCUCHAS EL CANTO QUE NACE DE TU HOGAR?

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