Autoestima & Niña interior

Autoestima & Niña interior

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La autoestima es la relación y el compromiso que tenemos con nuestra niña interior.

Nuestra niña qué?

A nuestra niña interior sólo accedemos a través de las emociones. Si tiendes a reprimir tus emociones es posible que de lo que te hablo te suene a chino mandarin.

Reprimir las emociones es algo que tu niña aprendió.
¿Qué creencias había en tu medio familiar y social sobre las emociones en tu infancia?
¿Qué sucedía cuando te enfadas?
¿O cuando llorabas por qué estabas triste?
¿O cuando te mondabas de risa?
¿Se permitían las emociones? ¿Cómo sabías que se permitían?
¿Se castigaban las emociones? ¿Cómo?

Si cuando experimentabas emociones tus cuidadores y tu entorno, daban un espacio y te acogían, seguramente no reprimas las emociones, ni las temas, ni te desborden. Seguramente, las gestionarás bien y no te resultarán conflictivas.

Pero si has crecido en un ambiente en dónde las emociones se reprimían y cuando tu experimentabas emociones tus cuidadores y tu entorno, no daban un espacio a lo que te sucedía, se ausentaban o te juzgaban, es más que posible que seas del club de las que te lo tragas todo y cuando la experiencia emocional interna se hace muy intensa o bien revientas, o bien te desconectas, disociándote.

Cuando haces esto, te abandonas. Como el recuerdo de  abandono que posiblemente sientes que viviste en tu tierna infancia.

Esta desconexión emocional por lo general tiene como objetivo mantenernos lejos de un sentimiento muy muy doloroso: la profunda sensación de desamparo.

La mayoría somos hijas desamparadas de hijas desamparadas de hijas desamparadas. Y de hijos. Aquí nadie se libra.

(Definición de amparo: Protección, resguardo, defensa.)

Si de pequeñas no nos sentimos protegidas y colmadas de atención ante las experiencias internas y externas que vivíamos, entre ellas nuestras emociones. Y si ante este doloroso sentimiento de desamparo no obteníamos respuesta ni nos sentimos acogidas, es muy seguro que nuestra niña, la niña que fuimos, desarrollara una idea:

Que si no recibía atención y amparo era porque había algo erróneo en ella.

Esa idea-semilla por lo general degenera en un profundo sentimiento de falta de valía y merecimiento. Y es la raíz una baja autoestima.

Este es el motivo por que el que trabajar nuestra autoestima no nos resulta fácil.

Porque para abordar la autoestima tenemos que acercarnos a nuestra niña interior, a nuestro mundo emocional, y si tenemos la autoestima baja, es posible que tengamos que bajar al sótano, que es dónde posiblemente se encuentra ella, dónde la escondimos un día para no sentir muchas cosas que juzgamos como malas y que en ese momento no sabíamos gestionar.

La autoestima la creamos cuando nos abrimos a atender a esta niña en nosotras. Y atender significa mirar, escuchar, darle atención, tratarla con ternura, tener paciencia con ella, mimarla, y aceptarla incondicionalmente.

Lo que normalmente esperamos que haga el Otro. Especialmente nuestra pareja.

Por lo general, nos tratamos como nos trataron en la infancia.

Podemos seguir culpando a los que fueron nuestros cuidadores, o podemos decidir empezar  a darnos  lo que nos hace bien. Sólo cada una sabe lo que es eso.

Si una es honesta consigo misma, ya sabe lo que le hace bien. Cuando pretendemos que sea el Otro el que nos lo dé, no es nuestra adulta la que pide, si no la niña en nosotras. Y no se trata de juzgarnos por ello. Se trata de que paremos y revisemos, y atendamos a esta parte de nosotras que a través del reclamo al otro, nos está reclamando a la mujer que somos.

La mujer que somos puede atender mejor que nadie a la niña en nosotras. De hecho es la única que puede hacer algo útil y auténtico por ella.

Que no hayamos tenido una infancia feliz no es escusa para seguir justificando una vida gris y vacia. Que no me haya sentido querida, aceptada, respetada de pequeña no significa que esté abocada a una vida sin autoestima y sin amor propio.

Simplemente voy a tener que ponerle más pilas al asunto.  Quizás me cueste un poco más. Pero todo el mundo tiene la capacidad de habitar su corazón. De amar. De amarse. Tal vez sólo sea una cuestión de tiempo y ganas; motivación para romper los muros que contienen a ese corazón de niña, que nada en la inocencia, que se alimenta de amor, de entrega y alegría.

¿Puedes sentir el latido de tu niña interior?

Me llamo Natalie Idoeta y ayudo a mujeres que “sufren por amor” a desactivar y reprogramar el patrón de dependencia emocional y a crear la vida que desean. Puedes descargar mi ebook gratis aquí.

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