CUERPO, ALIMENTACION Y DEPENDENCIA EMOCIONAL

CUERPO, ALIMENTACION Y DEPENDENCIA EMOCIONAL

Cuando hablamos de Dependencia Emocional hablamos sobre la incapacidad de atender nuestras propias necesidades en general y las afectivas en particular.

Cuando estoy “enganchada” en una relación yo desaparezco:  mis necesidades reales, mis deseos profundos.

Yo desaparezco, y conmigo, desaparece mi cuerpo.

En la escena sólo aparece la mente, en forma de obsesión, en forma de pensamiento totalitario: Necesito que el Otro me quiera”.

Esta es nuestra única cruzada. El paraíso prometido. El amor del Otro.

Este pensamiento empieza a invadir mi sistema nervioso, despertando el miedo. Un miedo que despierta los sistemas de alarma, de hipervigilancia. Un miedo que despierta a mi guerrera interna.

Esa que ha aprendido que hay que luchar para sobrevivir. Esa que creció en la carencia de amparo y que aprendió que si quieres algo tienes que luchar por ello. Que hay que conquistarlo.

 

Necesito que el otro que me quiera.

Necesito que me atienda. Que me haga caso. Necesito ser importante al menos para ese otro. Necesito al otro para existir. Te necesito para ser.

Necesito que me quieras mamá. Necesito que me quieras papa.

 

Una niña triste late dentro mí, necesitada.

 

Necesito vuestra atención, vuestro calor, vuestra piel. Vuestra mirada. Vuestra palabra. Vuestro abrazo. Vuestro amor.

 

Esa niña está en nuestro cuerpo. Anidada en una tristeza vieja y profunda. En el columpio de un profundo desarraigo. Abrasada de soledad.

 

El cuerpo quema de dolor. Bajar al cuerpo, al profundo desierto de la necesidad y el desierto emocional que nos habita, es desgarrador.

Y ciertamente desolador.

Por eso elegimos la lucha. Luchando con los demás, exigiendo lo que “nos pertenece”.  La lucha nos da un sentido y nos mantiene desconectadas del dolor real. Así  seguimos pidiéndole a nuestra pareja o a nuestras relaciones, o al gobierno o al sistema, que cambien y  que nos quieran de otra manera.

Pero seguimos In-saciadas de lo que nos dan. Porque nada ni nadie puede saciar el hambre de un pensamiento.

 

La lucha es agotadora, pero me mantiene a salvo…a salvo de mi cuerpo.Cuando en realidad, la única manera de comenzar a saciar este hambre profundo es bajando al territorio de la piel.

 

La mente es insaciable pero sí que podemos saciar las necesidades de nuestro cuerpo…

  • Podemos alimentarnos sin agredirnos. Dedicándonos tiempo para comprar y cocinar los alimentos que vamos a aportar a nuestro cuerpo. No solo por salud. Si no por placer.
  • Podemos darnos el descanso que necesitamos. Salir de la extenuación para no sentir, y habitar el gozo de parar el tiempo y dejarse mecer.
  • Podemos hacer ejercicio no para intentar encajar nuestro cuerpo en un traje que asfixia, si no ponerlo en movimiento para bailar con el.
  • Podemos compartir nuestro tiempo con personas con las que verdaderamente nos sintamos queridas y respetadas.
  • Podemos usar nuestro tiempo para satisfacernos: hacer florecer nuestras inquietudes, dones y proyectos…Dedicarnos tiempo.

 

Pero para eso, tenemos que dejar las armas: Cuestionar pensamientos-bomba, darnos cuenta de qué nos están protegiendo…de que me están protegiendo…quizás descubro que…

 

De mi misma, de sentir mi verdadero cuerpo, de sentir mi  tristeza, y mi desamparo. Y también de mi gozo y de la belleza del encuentro conmigo misma.

 

  • Para desarmar la Dependencia Emocional, no hay otro camino que empezar a okupar mi cuerpo, conocer su voz y reconocerlo, descubrir su idioma y escucharlo. Oir lo que me dice y lo que me pide. Atender sus (MIS)  necesidades.

 

  • Para empezar a liberarnos de la Dependencia Emocional necesito comenzar a escucharme y a alimentarme a todos los niveles (físico, emocional, mental y espiritual). Sin esperar que nadie me venga a poner el babero y me caliente la comida.

 

Conscientes de que la única tierra prometida, es el que cuerpo en el que habitas.

EN ESTA DIRECCIÓN TRABAJAREMOS EN EL RETIRO ¿DE QUE TENGO HAMBRE?

Poniendo el foco en entrar en nuestro cuerpo, habitarlo, aprender a escucharlo y atenderlo. ¿Quieres saber más del retiro?

PINCHA AQUI.

 

2 Comments
  • Tania
    Posted at 16:01h, 02 septiembre Responder

    Hola Natalie!

    Esclarecedor tu artículo para una persona como yo que ha estado en esa «lucha» muchos años. Poco a poco, cuando te haces un poquito consciente de por dónde pueden ir los tiros, empiezas a escucharte, a comprenderte y a desconocerte, porque realmente lo que más conoces es lo que los demás piensan de ti.

    Pero qué piensas tú de ti? Puedes enamorarte de ti primero antes de buscar que los demás llenen tus vacíos? La única respuesta es sí porque si no la lucha será cada vez más cruenta.

    En mi proyecto online trato mucho estos temas, desde mi propio camino de auto conocimiento que me ha hecho por fin amarme como nunca pensé que lo haría. Eso no significa que el camino ya se haya acabado, no es fácil en un entorno que no suele favorecer, pero si por dentro todo está bien, por fuera no queda otra.

    Gracias por tu trabajo, me alegro de haberte encontrado.

    Un abrazo

    • Natalie Idoeta
      Posted at 13:08h, 02 octubre Responder

      Gracias a ti por compartirte 🙂

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