LAS CARAS DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL.

LAS CARAS DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL.

El objetivo de este post es que observes las muchísimas formas que adquiere la Dependencia emocional y que puedas detectarla en ti a través de estas minihistorias.

Es probable que solamente asocies la Dependencia Emocional a la imagen de una mujer “débil”, sin recursos, cuya  vida gira en torno a la pareja y que no hace nada más que ver culebrones y quejarse de su marido.

Sin embargo, la realidad es que la Dependencia Emocional tiene tantas caras como mujeres que la sufren.

En cada mujer que sufre Dependencia Emocional, el patrón se expresa de una manera concreta. En cada mujer, el relato que genera el Patrón de Dependencia Emocional es único si bien, a medida en la que vamos sumergiéndonos en la biografía emocional empezamos a encontrar hitos y nudos bastante comunes a todas.

  • La vivencia de habernos sentido queridas por lo que hacíamos (o por lo que no hacíamos ) de pequeñas, y no por lo que éramos.
  • Familias en las que las prioridades estaban puestas fuera de las necesidades afectivas y emocionales de los niños.
  • Eventos difíciles y/o traumáticos que no se gestionaron y que quedaron inconclusos en el sistema familiar (separaciones, muertes, accidentes, abusos, secretos familiares, adicciones…)
  • Relación conflictiva con alguno de los progenitores (madre/padre).

Algunos rostros de la Dependencia Emocional

  • Lucia es una mujer de 35 años que se define como “fuerte” y “moderna”. Tiene una presencia imponente. Se define como muy “amiga de sus amigos” y leal y cariñosa. Tiene un buen puesto en una multinacional pero no está satisfecha: quiere más. Se define como una mujer muy ambiciosa a nivel profesional. Ella consulta por que no entiende porque ninguna historia le funciona. Empiezan muy bien, pero al poco tiempo los hombres que frecuenta se alejan de ella sin dar muchas explicaciones. Hasta hacia bien poco no le suponía un problema ni le importaba por que su prioridad y máximo interés era su carrera profesional. Ahora empieza a sentir el deseo de ser madre y crear su propia familia y le gustaría encontrar una pareja afín y relata que cada vez que conoce a alguien se siente frustrada e insegura y tiene miedo a no encontrar a nadie que la quiera.

 

  • Maria es una mujer de 38 años, con dos niñas pequeñas de 3 y 6 años. Cuenta que su matrimonio está en crisis desde que nació su segunda hija. Ella siente que su pareja está ausente, que no se implica como debería y que ella da y da y da, que va agotada y cada vez se siente más irritada y enfadada, que se siente muy sola con todo a cuestas. Dice que “ya no es como antes” pero que en realidad “le quiere” y que la sola idea de separarse o perder a su marido le genera mucha ansiedad y angustia.

 

  • Amparo es una chica de 24 años. Lleva saliendo 7 años con Gonzalo: su primer amor y su primer novio. Ella ya tiene claro lo que quiere y está pensando en planes de futuro: terminar la carrera, encontrar un trabajo, comprar una casa y casarse con él. Desde hace meses le llegan rumores a través de varias amigas, de que Gonzalo se ve con otras chicas. Pero Amparo no lo cree  hasta pocas semanas de llegar a consulta, que encuentra un mensaje de wasap subido de tono con otra chica en el móvil de Gonzalo. Ella se siente desesperada, enfadada pero sobre todo con un miedo muy grande a que Gonzalo quiera dejarla por otra o que quiera romper el compromiso de la relación.

 

  • Amaya es una chica de 28 años que lleva 2 años en una relación que ella define como “tóxica”. Relata que no sabe muy bien como terminó metiéndose en esa relación porque ni siquiera Javi era su tipo. Cuenta que al principio se lo pasaban muy bien como amigos, se reían mucho, y que se dejó llevar por su encanto y la diversión. Pero después de estar unos meses enrollados y empezar a funcionar como pareja, todo dejó de ser divertido. Él se mostraba muy demandante con ella, y Amaya no entendía muy bien que sucedía, que cuando le decía que no, o que quería hacer otras cosas o estar con sus amigas, se sentía profundamente culpable. Díscutían mucho, tenían casí ninguna actividad o inquietud en común, ella se sentía muy manipulada y poco antes de hacer un año, se dio cuenta que la relación no le hacía feliz pero que tampoco podía alejarse. Tenía mucho miedo de hacerle daño si le dejaba. Verbalizaba que fantaseaba mucho con cortar la relación, pero que luego, había como una fuerza superior a ella, “que no podía controlar” que se lo impedía.

 

  • Begoña es una mujer de 48 años que llega con síntomas depresivos. Llega a consulta por que quiere encontrar un trabajo que le permita irse de la casa de su familia. Se siente atrapada, víctima de su hermana que la trata como si fuera una “chacha” y de su madre, que se alía con su hermana para hacerle la vida imposible. Sufre mucho sintiéndose “abusada” por parte de su familia, y sé da cuenta de que está como encerrada, como con la sensación de estar “secuestrada” por su familia y las circunstancias de su vida. Toda su vida gira en torno a los sentimientos de ambivalencia que tiene hacia su madre y familia en general. Reconoce que los quiere y que los odia. Dice que son la causa del estancamiento de sus vidas, los culpables de su situación.

 

  • Susana es una mujer de 32 años. Lleva casi 3 años de relación con Antonio, 10 años mayor que ella. Se conocieron en un viaje por la India. Para ella fue amor a primera vista. Él estaba divorciado y desde el principio le dijo que no quería mezclarla con su primera familia (sus hijos). Como estaba muy enamorada, respetó la condición que Antonio le ponía, y si bien le producía “malestar”, intentaba “ser comprensiva” e internamente pensaba que con el tiempo se le pasaría y que con un poco de esfuerzo por su parte, él se abriría y le integraría en su vida. Un mes antes de llegar a consulta Antonio le deja sin darle un explicación y sin, aparentemente dar indicios previos. Tan solo le dice que quiere tiempo para él y para reflexionar sobre la relación. Sin embargo ella se entera por Facebook que está con otra mujer. Susana llega en shock a consulta, muy disociada, no entiende nada y expresa sentir una gran desconsuelo y como si le hubieran clavado un cuchillo en el corazón.

 

  • Marta es una chica de 42 años. Lleva desde los 18 con Raul, su primer novio aun que han tenido periodos de dejarlo (el máximo que estuvieron fueron 5 años) siente que es su única pareja seria. En realidad siempre ha sido una relación que nunca le ha hecho muy feliz pero en la que se siente cómoda y segura: tienden a tener un montón de conflictos “por tonterías”, ella no se siente muy querida por él ni muy escuchada, no comparten muchas inquietudes ni una visión de vida conjunta y aun que la relación no le satisface, siempre termina volviendo a él  después de dejarlo. Ella renunció a la maternidad porque él no quería tener hijos, y relata que se conformó con esta decisión porque durante esa época estaban “bien”. Como ahora ella está en paro, no se puede plantear separarse, pero hace unos meses conoció a otro chico y lleva una relación paralela que le está produciendo mucha ansiedad y algunos síntomas físicos que el médico no le sabe diagnosticar. Dice que se siente entre dos aguas, y que tomar una decisión sobre qué hacer le genera un nivel de ansiedad que le tiene paralizada.

 

Estas son solo algunas historias de mujeres muy diferentes que sufren Dependencia Emocional. ¿Cual es la tuya? Me encantaria escucharte. Escribeme y descubre lo liberador que es escribir y compartir lo que te pasa.

 

 

 

 

 

 

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